Noviembre 17, 2018

November 17, 2018 Length: 12:53


Toolbox



Share

Share

Transcript

Saludos a todos en este el 17 de noviembre. ¡Cristo está entre nosotros! ¡Está y estará! Hoy nos recordamos y celebramos al San Gregorio el milagroso de Neocaesarea, al venerable Nikón, el abad de Radonezh, discípulo del venerable Sergio, al venerable Lázaro el iconógrafo, de Constantinopla, al mártir Gobrón, o Miguel, y 133 soldados de Georgia, al venerable Genadio de Vatopedi en Monte Athos.

La epístola hoy es de Gálatas 1:3-10, y el Santo Evangelio es de Lucas 9:57-62.

En éste 17 de noviembre, nos recordamos de San Gregorio el milagroso, obispo de Nuevacaesarea, quien también nació en esas partes, y era parte de una gran familia pagana. Habiendo recibido una educación muy buena desde su juventud, él buscaba la Verdad. Pero los filósofos de antigüedad no podían saciar su sed por el conocimiento. La Verdad se le revelaba solamente en el Evangelio, y el joven se hizo cristiano.

San Gregorio se fue a Alejandría, que en ese tiempo era conocida como el centro de educación pagana y cristiana, para continuar sus estudios. El joven entró en la Escuela Catequística de Alejandría, donde el presbítero Origen era su maestro. Origen era un maestro famoso y tenía mucha inteligencia y conocimiento profundo. San Gregorio se hizo su estudiante y escribió:

Este hombre recibió un gran don de Dios para ser intérprete de la Palabra de Dios. Puede comprender la palabra de Dios como Dios mismo la usaba. Y puede explicar la Palabra de una manera para que la gente entienda.

Origen bautizó a San Gregorio, y el santo estudió con su maestro por ocho años.

La vida ascética de San Gregorio, su continencia, pureza, y falta de codicia, llevaba a sus compañeros engreídos a la envidia y decidieron calumniar a San Gregorio.

Una vez San Gregorio hablaba con filósofos y maestros en la plaza, cuando una prostituta conocida le demandó que le pagara por el pecado que había supuestamente cometido con ella. Al principio, San Gregorio le reprochaba con cariño, diciéndole que tal vez lo confundía él con otra persona. Sin embargo, esta mujer derrochadora no iba a estar quieta. El santo pidió a un amigo que le diera dinero. Cuando ella aceptó el dinero se cayó inmediatamente y tuvo un ataque demoníaco. San Gregorio rezó por ella y el demonio la dejó. Este fue el principio de muchos milagros más en su vida.

Volviendo a Nuevacaesarea y queriendo separarse de los asuntos terrenales, porque muchos ciudadanos influyentes le perseguían, él huyó al desierto y con ayunas y oraciones alcanzó un nivel espiritual muy alto. Dios le concedió los dones de lucidez, y profecía. San Gregorio amaba mucho a la vida solitaria en el desierto y quería quedarse allí por toda la vida. Pero el señor tenía otro propósito para él.

El obispo Thedimos de Amasea, una ciudad de Capadocia, se enteró de la vida ascética de San Gregorio, y decidió hacerlo el obispo de Nuevacaesarea. El santo pudo prever la intención del obispo Thedimos, y se escondió de los mensajeros del obispo que lo buscaban.

De todas maneras el obispo Thedimos ordenó el ausente San Gregorio aunque se escondía, y pedía a Dios que santificara esta ordinación excepcional. San Gregorio vio el evento como una manifestación de la voluntad de Dios y no se atrevía protestar. San Gregorio de Nyssa grabó este episodio de la vida de San Gregorio. Su informe expone que San Gregorio de Nuevacaesarea recibió la dignidad episcopal después de que el obispo Thedimos de Amasea le desempañara todos los ritos canónicos.

En este tiempo la herejía de Sabelio y Pablo de Samosata empezó a difundirse. Ellos enseñaban algo falso sobre la Santa Trinidad. San Gregorio rezaba fervientemente e imploraba a Dios y a la Santísima Virgen que le revelara a él la fe verdadera. La Santísima Virgen María se le apareció, brillando como el sol, y junto con ella estaba el Apóstol Juan el teólogo vestido con vestimentas arzobispales. La Madre de Dios dio la orden al Apóstol Juan que enseñara al Santo como confesar correctamente el misterio de la Santísima Trinidad. San Gregorio escribió todo lo que San Juan el Teólogo le reveló. Por ende tenemos “El Misterio del Símbolo de la Fe” que fue escrito por San Gregorio de Nuevacaesarea; una gran revelación en la historia de la iglesia. Toda la enseñanza de la Santa Trinidad tiene como su fundación, en esta escritura. Los santos padres de la iglesia ortodoxa usaban esta escritura, incluso San Basilio el Grande, San Gregorio el Teólogo, y San Gregorio de Nyssa. El Primer Concilio Ecuménico examinó y afirmó el Símbolo en el año 325, algo que muestra la importancia duradera de las enseñanzas de San Gregorio para la Ortodoxía.

Después de ser obispo, San Gregorio se fue a Nuevacaesarea. En camino de Amasea, pasó por un templo pagano y expulsó los demonios. El sacerdote pagano se convirtió a Cristo. El converso fue testigo de otro milagro del santo cuando movió una piedra grande con su palabra.

Los sermones del santo eran directos, vivos, y provechosos, y enseñaba y hacía milagros en el nombre de Cristo. Curaba a los enfermos, ayudaba a los pobres, y resolvía problemas. Había un problema entre dos hermanos que no podían ponerse de acuerdo sobre la herencia de su padre muerto, porque cada uno quería el lago para sí mismo. Reunieron sus amigos y estaban a punto de golpearse. San Gregorio les persuadió retrasar su pelea hasta el día siguiente, y el santo pasó toda la noche en la orilla del mismo lago orando. Al amanecer, toda la gente veía que el lago se había secado. Por las oraciones del santo, ahora sólo quedaba un arroyo que dividía el espacio. Había otra vez cuando mandó que una colina se moviera para hacer espacio en el lugar de la fundación.

San Gregorio huyó a una montaña lejana cuando empezaron las persecuciones de los cristianos bajo el emperador Decios. Un tal pagano conocía la ubicación del santo e informó a sus perseguidores. Los soldados rodearon la montaña. El santo salió de su escondrijo y levantó las manos al cielo. Ordenó que su diácono hiciera lo mismo. Los soldados rodearon toda la montaña. Pasaron varias veces justo enfrente de ellos, pero no les veían. Dejaron de buscarlos y se fueron. Cuando llegaron a la ciudad, reportaron que no había sitio en la montaña para esconderse, que nadie estaba allí, solamente dos árboles parados cerca de uno al otro. Al informe, el informante estaba asombrado; se arrepintió y se convirtió en un cristiano ferviente.

San Gregorio volvió a Nuevacaesarea cuando la persecución terminó. Por su bendición establecieron en la Iglesia la fiestas en honor de los mártires que sufrieron por Cristo.

El santo convirtió mucha gente a Cristo por su vida santa, su efectiva predicación, los milagros que realizó, y guiando con gracia a su rebaño. Había 17 cristianos cuando San Gregorio llegó a la ciudad de Nuevacaesarea. Cuando él murió, sólo quedaban 17 paganos en la ciudad.

Gloria a Dios por todo, gloria a Dios. San Gregorio de Nuevacaesarea recuérdate de nosotros ante Dios.